Especial: México, Latinoamérica y la nieve olímpica

Germán Madrazo, mexicano en competencia olímpica de PyeongChang 2018
Germán Madrazo, mexicano en competencia olímpica de PyeongChang 2018. FOTO: Getty Images
El balance mexicano en los Juegos Olímpicos de Invierno PyeongChang 2018 y la realidad latina; ¿qué atleta del área ha estado más cerca de ganar medalla?

Algunos compartieron historias novelescas, que inspiran o hacen llorar. Muchos persiguieron sus sueños sin importar la adversidad. Y todos han aportado esfuerzo y colorido en la lejana Pyeongchang.

Pero otra vez, la participación de los deportistas latinoamericanos en unos Juegos Olímpicos de Invierno no ha pasado de lo anecdótico. Difícilmente se puede esperar algo más, por motivos que comienzan con lo climático y terminan con lo económico.

“Nosotros, al no tener nieve, al no tener la experiencia que tienen estos países, para nosotros la medalla es obtener el criterio de calificación. Ir por una meta tan inalcanzable, creo que es lo que representa el auténtico espíritu del olimpismo”, dijo el mexicano Germán Madrazo, quien ocupó el último puesto entre los 116 participantes que llegaron a la meta en la prueba de 15 kilómetros del esquí de fondo.

Madrazo, de 43 años, fue el único de los cuatro representantes de México que nació y se crio en ese país. La delegación mexicana se completó con Sarah Schleper y Robert Franco, originarios de Estados Unidos, así como con Rodolfo Dickson, nacido en territorio mexicano pero adoptado desde pequeño por una pareja de Canadá.

“Tienen el mismo derecho que cualquier otro mexicano”, enfatizó Carlos Pruneda, el jefe de la delegación de México en Pyeongchang.

Schleper y Franco tienen marido y padre mexicano, respectivamente.

“Son mexicanos, hicieron lo que la Constitución les dice que podían hacer”, enfatizó Pruneda en declaraciones a la AP. “Hay que darles oportunidad. Y todos los países lo hacen, absolutamente todos”.

No hay nieve, ni medallas. Y la gesta latinoamericana que más cerca se ha quedado de un podio olímpico invernal ocurrió hace la friolera de 90 años, recordó el secretario general de la Asociación Argentina de Bobleigh, Skeleton y Luge, Christian Atance.

“En 1928, unos intrépidos y acomodados argentinos que solían vacacionar en Suiza se vieron atraídos por el bobsled, una especialidad de trineos nacida en Los Alpes. Sin mayor experiencia previa, decidieron probar suerte en los II Juegos Olímpicos de Invierno en Saint Moritz, Suiza. Contra todos los pronósticos, el trineo Argentina I logró finalizar cuarto, a tan sólo 7 décimas de la medalla de bronce”, destaca un texto compartido por Atance con The Associated Press.

¿Y en otros países? Bueno, Ecuador contó esta vez, por primera en la historia, con un deportista en los Olímpicos de Invierno. Para este logro, Klaus Jungbluth tuvo que hacer todo lo imaginable, desde esquiar sobre ruedas en el asfalto caliente de Guayaquil hasta fundar una federación de deportes invernales, que no existía.

Diversos países tienen que ponerse creativos tan sólo para encontrar algún ciudadano que haya practicado un deporte invernal en forma competitiva.

Entre los participantes por Argentina figuraron Verónica Ravenna, quien hizo su carrera deportiva en Canadá, y los hermanos Nicol y Sebastiano Gastaldi, nacidos en Italia. Bolivia volvió a unos Juegos Olímpicos de Invierno tras una ausencia de 26 años, gracias a Simón Breitfuss, de origen austriaco, y a Timo Gronlund, nacido en Finlandia.

Colombia tuvo entre sus representantes a Michael Poettoz, adoptado por franceses y quien está aprendiendo español. Puerto Rico recurrió a Charles Flaherty, estadounidense residente en la isla, para romper otra larga ausencia en las citas olímpica –desde Nagano 1998.

Esta fórmula da al menos oportunidades de participación pero no necesariamente de preseas. Y los que nacieron y crecieron en países latinoamericanos tienen que competir fuera o reinventarse.

Casi todos coinciden en que, para que surja el primer medallista olímpico invernal latinoamericano, deben confluir muchos factores: la llegada de alguien con talento, que por alguna circunstancia pueda practicar su deporte desde muy temprana edad y que se decida a representar en su mejor momento a una de las naciones de la región.

“Si vives en México no hay manera de que puedas crecer en este tipo deporte”, sentenció Pruneda. “Ganar medallas en un deporte que no está en nuestra tradición es muy difícil. No estoy diciendo que nunca lo logremos. A lo mejor en un futuro, con un buen trabajo, con una buena planificación”.

O con mucha suerte, con un caso de ésos que se presentan extrañamente en el deporte. Un momento de inspiración, un deportista que sale en su día, un milagro.

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