Especial: La historia de Gino Bartali, héroe del ciclismo y de la humanidad

En las últimas décadas la sombra del dopaje lamentablemente ha devorado al ciclismo. Se acaba de conocer el positivo de Chris Froome, tetracampeón del Tour de Francia, que unió su nombre a los tristemente célebres Lance Armstrong, Marco Pantani, Alberto Contador, y muchos otros que han desprestigiado a una de las disciplinas más populares del mundo.

Por eso es importante recordar una historia distinta, más bien heroica, de un mito del deporte de las dos ruedas que fue conocido hasta su muerte como el “ciclista del fascismo”.

El mote se le impuso por “engrandecer” el régimen de Benito Mussolini al ganar el Tour de Francia en el lejano 1938 y por “representarlo” en los años posteriores. Afortunadamente el apodo ha quedado en el pasado porque ya se le reconoce como lo que verdaderamente fue: un héroe de la humanidad.

Se trata del italiano Gino Bartali, quien a bordo de las nostálgicas máquinas de los años 30 y 40 conquistó dos Tour de Francia y tres Giro de Italia. Y no ganó más porque la Segunda Guerra Mundial interrumpió las grandes vueltas durante muchos años.

La figura de Gino Bartali fue asociada durante muchos años al fascismo. FOTO: AP

COMO EL FAMOSO OSKAR SCHINDLER Y EL ORGULLOSAMENTE MEXICANO GILBERTO BOSQUES

Durante esos tristes años para la humanidad, Bartali, al igual que el alemán Oskar Schindler y el poblano Gilberto Bosques, pudo salvar la vida de muchísimos judíos. En el caso del italiano fueron alrededor de 800, y lo logró aprovechándose de su fama dentro del régimen fascista.

Porque, a pesar de que no había competencias por obvias razones, Bartali entrenó en las carreteras de su país y al mismo tiempo actuó como correo al llevar en el cuadro de su bicicleta -dentro de los tubos o debajo del sillín- documentos para elaborar pasaportes falsos.

Usó su popularidad como camuflaje para recorrer sin sospechas 300 kilómetros diarios entre diversas ciudades de la Toscana. Papeles y fotografías transportadas clandestinamente durante dos años sirvieron para que cientos de personas nunca pisaran suelo alemán.

Durante sus labor altruista, en 1943 y 1944, si alguna vez fue detenido por la policía fue solo para repartir algún autógrafo. Ningún fascista desconfió nunca de su héroe deportivo.

Bartali fue conocido hasta su muerte como el “ciclista del régimen de Benito Mussolini”. Paradójicamente, el gran campeón usó sus piernas para evitar que cientos de personas cayeran en manos de ese mismo régimen o en las del nazismo.

En cada pedalada de esos años arriesgó su propia suerte y al final pudo salvar a más de 800 personas. Murió en mayo del año 2000 todavía con el mote de “ciclista del fascismo” porque nunca contó ese capítulo maravilloso de su vida.

La bicicleta con la que Gino Bartali ganó el Tour de Francia de 1938. En tubos similares fueron transportados papeles falsos que salvaron la vida de cientos de personas. FOTO: Cortesía

DE “CICLISTA DEL FASCISMO” A HÉROE DE LA HUMANIDAD

Fue hasta el año 2003 cuando los descendientes de Giorgio Nissim, el personaje que elaboró los pasaportes para los judíos en los monasterios de la Toscana, encontraron su diario personal donde se detalló la trascendental labor del mítico Bartali.

Su legado deportivo pudo ser mayor pero obviamente la Segunda Guerra Mundial interrumpió las grandes competencias durante los mejores años de sus piernas, esas mismas piernas que empleó para ser un héroe silencioso.

De cualquier forma, su nombre está inscrito con letras de oro en el ciclismo, y también en la memoria de quienes ya conocen su honorable acto durante el Holocausto.

En 2013 el estado de Israel le otorgó el reconocimiento póstumo de “Justo entre las Naciones” y la Unión Internacional de su deporte lo tiene registrado como el sexto mejor ciclista de todos los tiempos.

Andrea Bartali, hijo de Gino, muestra orgulloso el nombre de su padre en el Yad Vashem de Jerusalén, sitio dedicado a las víctimas del Holocausto. FOTO: AP