El curioso caso de Colin Kaepernick

Encontrar un quarterback de élite, es muy difícil. Es más, me atrevo a decir que es una tarea tan complicada, que pasa una vez cada década –con sus respectivas excepciones- o siendo más extremos, una vez cada generación.

Siendo que la NFL es una liga guiada por quarterbacks, la importancia de la posición toma tal relevancia para los equipos que año con año vemos a franquicias pagar cifras estratosféricas por pasadores que no valen, o peor aún, hipotecar el futuro del equipo en aras de encontrar esa joya que los saque de la mediocridad.

Tomando lo anterior en cuenta y ante la falta de producción de quarterbacks ganadores en el sistema colegial, los equipos están buscando simplemente alguien “que los ayude a ganar”; un jugador con experiencia que pueda comandar a las tropas en la batalla y que sin estar al nivel de Brady, Rodgers o Brees, los ponga en una posición lo suficientemente aceptable para luchar por terminar con récord ganador.

Tal es el caso de Colin Kaepernick, jugador que no hace mucho tiempo tomó a la liga por sorpresa y gracias a su tremenda habilidad atlética –apoyado por una sensacional defensiva- llevó a los 49ers al Super Bowl, quedándose a 5 yardas de levantar el trofeo Lombardi.

Con el pasar del tiempo, la “fiebre de Kaep” se fue apagando, al grado que el jugador fue banqueado para darle tiempo a Blaine Gabbert (¿En serio? ¿Blaine Gabbert?)…prácticamente olvidando cualquier vestigio de calidad que alguna vez hubiera mostrado Kaepernick.

El 27 de agosto de 2016, en un partido de pretemporada contra Green Bay, los reflectores se volvieron a posar sobre Colin, solo que en esta ocasión, no fue por un tema deportivo. Colin Kaepernick había decidido no levantarse para entonar el himno nacional de los Estados Unidos, en protesta al trato violento y crímenes cometidos por la policía en contra de las minorías en su país, particularmente contra la comunidad Afroamericana.

Adelantemos el reloj casi un año… las cosas han cambiado muy poco en el estrato social de los Estados Unidos y Colin Kaepernick sigue siendo tema de conversación, pues hay un par de equipos que pudieran beneficiarse de sus servicios.

De entrada –y tal vez de modo irónico- están los Baltimore Ravens, equipo que tras ganar el Super Bowl, le ofreció un contrato de cien millones de dólares a Joe Flacco, algo que no terminó saliendo tan bien, pues desde ese entonces los Ravens no han vuelto a la postemporada y las lesiones han castigado constantemente a su quarterback estrella.

Hoy, los Ravens se enfrentan ante la posibilidad de que Flacco se pierda al menos un par de juegos de la temporada 2017, tras sufrir una lesión en la espalda. De inmediato, el nombre Colin Kaepernick brincó a la mente. Un quarterback que sabe lo que es ganar partidos y guiar a un equipo importante de la liga en una división muy competitiva. Más a favor de “Kaep”, John Harbaugh, entrenador de los Ravens, dio el visto bueno para que el jugador estuviera con el equipo ¿Qué impide a Kaepernick llegar a Baltimore? La respuesta es sencilla: su protesta contra el himno nacional.

Bien dice el dicho: “mata un perro y te dirán mata perros”. Mejor ejemplo no hay. Muy a pesar de que Colin se retractó de sus acciones y no volvió a sentarse para entonar el himno de su país, una acción lo ha marcado y boletinado, convirtiéndolo –a falta de mejores palabras- en el “patito feo” de la NFL.

La NFL en un doble discurso ha convertido a Colin Kaepernick en el chivo expiatorio de su lema “defender el escudo”, una campaña que insta a la comunidad NFL para proteger la marca y reputación de la liga, mostrando el orgullo que produce jugar y ser parte de la liga más importante y espectacular del mundo.

El problema aquí yace en que el famoso “escudo” no está hecho para proteger a alguien, que, a ojos de la Liga, le falta el respeto a los símbolos nacionales y al deporte nacional de Estados Unidos al no pararse para entonar el himno nacional en señal de protesta por una situación real y palpable. En pocas palabras, por ejercer su derecho constitucional de expresarse libremente.

Ahora, otro equipo está en la probable necesidad de buscar a un quarterback, los Miami Dolphins. Ipso facto, el nombre Colin Kaepernick comenzó a viajar en la inmediatez de los medios sociales, pero es improbable que el jugador llegue a las playas del sur de la Florida. ¿Por qué?

En la famosa conferencia de prensa de agosto 2016, donde Kaepernick explica su protesta al himno nacional, llevaba una playera con la imagen de Fidel Castro; cuestionado una semana después al respecto por el diario Miami Herald, Colin respondió que respeta al fallecido dictador pues enfocó sus políticas más en la educación que en las prisiones.

A pesar de que Steven Ross, dueño de los Dolphins, nunca se opuso a que algún equipo contratara a Kaepernick; la decisión de llevar a un jugador que declarara admirar a Fidel Castro, a una ciudad donde cientos de miles de cubano-americanos ven a Castro como el dictador que obligó a que sus familias abandonaran su país de origen, no luce como la decisión de negocios más inteligente. Tal es el impacto que pudiera tener la llegada de Kaepernick en Miami que la prensa local ha propuesta sacar a Jay Cutler del retiro para suplir la posible ausencia de Ryan Tannehill como quarterback.

Cinco Semanas nos separan del inicio de la temporada regular y el panorama no parece aclararse para Colin Kaepernick. Casi un año ha pasado desde que realizó su primera protesta, y a pesar de que muchos podamos ver como válido su reclamo, la política y el doble discurso de la NFL sigue dictando los términos para contratar a un jugador que seguramente le hará más bien que mal – deportivamente hablando- al equipo que decida enfrentar al sistema. ¿Hasta dónde llega la necesidad de los equipos para que esto así suceda?