¡La muerte que inmortaliza!

Carlos Yarza
Carlos Yarza
Doblones

Ya hizo más de una semana de la muerte por asta de toro del matador Iván Fandiño, acontecimiento lleno de facetas que pueden ir desde la tristeza hasta la esperanza. Y me preguntarán por qué.

La muerte de un hombre siempre será motivo de dolor, pero cuando este hombre es torero, la muerte alcanza una variedad de matices que se vuelven incontables. Para los taurinos la muerte de un torero, provocada por un toro, es gloriosa y única. Es una muerte elegida, es una muerte a la que se llega consciente, es una muerte que no mata, es una muerte que inmortaliza. Es una muerte única.

Los fallecimientos de Fandiño, Barrio, “El Pana”, o el novillero Renato Motta, han causado conmoción y dolor para muchos, pero alegría para otros, principalmente a los que no gustan o no entienden de la fiesta. Son sentimientos que siempre han existido en torno a la muerte de un torero, y que hoy se maximizan por las redes sociales. Los casos citados provocaron y provocarán reacciones para la fiesta brava, positivas y hasta las más negativas, como pensar en prohibir las corridas de toros. Son ideas que promueven, creo yo, los que saben que nunca podrán tener una muerte tan gloriosa como la que tienen un toro o un torero.

En lo personal, la muerte de Fandiño me ha hecho reflexionar en otras cosas y me he preguntado qué es lo que nos tiene que dejar la pérdida de este diestro. Se dice que cuando un torero es muerto por un toro la fiesta se engrandece, gana, vive por los toreros acaecidos en la arena, víctimas de un cuerno mortal.

¿Cuánto vale la vida de un torero? Si usted fuera torero, ¿en cuánto cotizaría su vida? ¿A qué tiene derecho un hombre que decide jugarse la vida como si no fuera suya? Cerremos los ojos y reflexionemos antes de continuar.

Sin lugar a duda habrá pensado lo mismo que yo: la vida de un torero debe tener un precio inalcanzable y, ¿a qué tiene derecho? ¡A todo!

Hay una simple y triste realidad que está viviendo la fiesta de los toros en nuestro país, donde una fiesta que es de verdad, y que se demuestra cada vez que un hombre cae de cara al sol, muerto, por haber osado retar a la muerte posada en el par de pitones de un toro, la estamos convirtiendo en una mentira. Sí, ¡en una fiesta de mentira!

¿Cuántos son los disque toreros que con tal de verse anunciados pagan por torear? ¿Cuántos son los disque empresarios que abusan y se niegan a pagar dignamente a aquellos que se pueden morir en un ruedo? Y así podemos enumerar una larga lista de gente que pretende vivir de la fiesta sin darle absolutamente nada, que viven como sanguijuelas.

Por otro lado, el ganadero que manda sus toros a la plaza sin tener la edad, peso e integridad en sus astas, para complacer al torero que, teniendo un lugar de privilegio en el escalafón, se niega a torear toros dignos de su embestidura. Ya ni hablar de competir y actuar con otros toreros que, con menos nombre, lo pueden obligar a acercarse al toro y a brindar lo mejor de sí.

Esos personajes son los que han llevado la fiesta a donde está el día de hoy. Es momento de que los empresarios trabajen para dar gusto al público, a la afición, antes de complacer a “figuras” del toreo.

Hay que devolverle la verdad a este espectáculo. Basta de esa triste corrupción que se ha encargado de alejar a la gente de las plazas, es tiempo de soltar ese lastre. Los que amamos a la fiesta nos preguntamos constantemente qué se tiene que hacer para que no se acabe, para que no muera, para que no se extinga.

La respuesta no las dio hace unos días un hombre llamado Iván Fandiño, y que llevó dignamente el título de matador de toros. La fiesta, nuestra tauromaquia necesita ser de verdad, cuando los toreros, además de crear arte ante un toro, estén dispuestos a morir en sus astas; cuando los ganaderos manden toros bravos y dignos a una plaza, y los empresarios, junto al público, estén dispuestos a hacer millonarios a los toreros que se lo merezcan. Será entonces cuando la fiesta de los toros en nuestro país vuelva a ganar prestigio, será cuando vuelva a ser negocio.

A mi parecer, es la única forma de rendir homenaje a los toreros muertos en un ruedo, es la única forma de decirles que su muerte valió la pena.

Mientras eso no pase en la fiesta de los toros – refiriéndome especialmente a la de México- perdonen que se los diga, pero no merecerá otra cosa más que extinguirse, y para que esto pase, les aseguro, no necesitaremos de antitaurinos.

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