El deporte femenil: la doble competencia

Beatriz Vázquez.
Beatriz Vázquez.
En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, por primera vez en la historia, hubo participación femenina en todos los deportes

En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, por primera vez en la historia, hubo participación femenina en todos los deportes, todos los países enviaron al menos una mujer, en la cita anterior, Beijing 2008, el porcentaje fue de un poco más de 40%, cifra que se alcanzó por primera vez, y en los Juegos del año pasado, en Río, el porcentaje de mujeres alcanzó el 45%.

Esas cifras, frías, parecerían mostrar una gran apertura a la participación femenina pero, en la realidad, el panorama no representa las cifras. Si recordamos que los Juegos Olímpicos de la era moderna iniciaron en 1896 en Atenas, no parece muy democrático que hayan tenido que pasar 120 años para que los se llegara a esa cifra de presencia femenil, aunque también habría que recordar que el Barón Pierre de Coubertin, un hombre de pensamiento avanzado, rechazó de inicio su participación por considerarla antiestética e inadecuada.

Pero la presión fue tal, que aun en contra de su voluntad y deseo, las mujeres llegaron a París 1900, incluidas 22 mexicanas, las primeras olímpicas, que no tuvieron que esperar a que se hicieran Juegos específicos para ellas, como ocurrió en la antigüedad, época en la que ellas no podían, ni siquiera, ser parte del público, no podían verlos, mucho menos competir en absolutamente ninguna prueba.

Su capacidad física se ha puesto en duda prácticamente todo el tiempo. Una prueba como el Maratón, por ejemplo, tuvo a su primera competidora oficialmente inscrita hace 50 años, en el Maratón de Boston, cuando Kathrine Switzer, quien se había preparado bajo las indicaciones de su novio, jugador de futbol americano, se encontró con que el proceso de inscripción no consideraba la presencia de mujeres y con el número 261, que se ha convertido en su número personal, se inscribió con sólo sus siglas.

Los organizadores pensaron que era hombre, hasta que se dieron cuenta que entre los competidores había una mujer. El propio Jock Semple, entonces director de la carrera, intentó sacarla jalándola del brazo visiblemente enojado, casi enardecido, como si su presencia afectara al resto de los corredores o al evento en sí. Pero Switzer no se dejó y su novio, que corría a su lado, tampoco dejó que Semple lograra su ilógico objetivo.

Kathrine terminó los 42.195 kms. del maratón, y después de ella siguieron muchas más. La prueba fue olímpica por primera vez en Los Angeles 84, ocasión en que la dramática llegada de la suiza Gabriela Andersen, tambaleándose ya en la pista del Estadio, afectada por una fuerte deshidratación, pero consciente de que lo que deseaba más que nada en ese momento, era cruzar la meta, casi termina con su presencia pues este único caso se tomó como pretexto para decir “ya ven, ellas no pueden correr esa distancia”.

En medio de comentarios en contra, las mujeres continuaron en el maratón, pero también llegaron al box, y debutaron en el escenario olímpico en Londres 2012, son pilotos de autos de carreras, están en las artes marciales mixtas, se enfrentan a los toros, han llegado a las cimas de los ochomiles, cruzan el Canal de la Mancha, el de Gibraltar y otros más, juegan hockey sobre hielo y juegan el que algunos aún se atreven a decir que es “el deporte del hombre”: futbol.

Si algún deporte es “femenino” o “masculino”, sólo quien lo practica lo puede decidir. El nado sincronizado, tradicionalmente identificado como “de mujeres” fue mucho más abierto y aceptó ya la participación de los hombres en eventos de solo que es como ver a un bailarín de ballet en el agua, lo que es un espectáculo digno de verso.

El esfuerzo humano, sea de hombre o de mujer, es digno de verse, de disfrutarse, de reconocerse, quedémonos en eso, entonces, en el esfuerzo humano, y evitemos que el festejo a la mujer sea de un solo día, o de un solo mes, o ¿ustedes qué opinan?

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