La historia sube de nivel

Los 113 enfrentamientos que en 43 años han tenido Rayados y Tigres sólo han servido de aperitivo para que esta semana se jueguen las dos ediciones más importantes de la historia.

Cualquier cosa que haya pasado antes, cualquier récord impuesto o roto se borrará porque no habrá nada más importante para estas dos instituciones que convertirse en campeones a costa del acérrimo rival deportivo la ciudad.

Literalmente se podría pintar una línea que divida en dos partes a la capital del Estado de Nuevo León y creo que ambas mitades se llenarían con los seguidores de una y otra franquicia.

Y aunque deportivamente habrá por fuerza un ganador y un perdedor, creo que el enfoque que debemos darle al partido es muy diferente. La ciudad gana, las dos aficiones también y el futbol regiomontano recibe el justo a premio a muchos años de lucha y esfuerzos por armar equipos competitivos y consolidar instituciones serias y con futuro.

Todos los adjetivos que le podemos poner a este duelo deben permanecer en la dimensión del terreno de juego y nada más. Nadie se juega la vida, nadie mancha su honor. Es solamente una competencia deportiva en la que de antemano se sabe que sólo uno podrá levantar el trofeo.

El Clásico Regio se vive con toda la pasión que una rivalidad de tantos años genera y seguramente nos brindará muchas emociones en el terreno máxime cuando los dos equipos llegan en circunstancias muy parejas de excelencia futbolística.

¿Quién va a ganar? ¿Quién llega mejor? Esas son las preguntas que más se repiten en la Sultana del Norte y creo que la única respuesta sensata la encontraremos en la cancha porque cualquier otra cosa que se diga estará basada en un deseo individual más que un argumento que pueda ser contundente con respecto a otro.

La final regia se da en el mejor momento de la historia de ambos equipos y la ciudad se prepara para vivirla acorde a la ocasión.

Que gane el mejor, pero sobre todo que gane la fiesta del futbol porque eventos como éste no se viven cotidianamente.