Resumen Portugal vs México

 

Hay sueños que son más difíciles de abandonar; hay de despertares a despertares y México vivió uno de los más amargos. El Tri soñó, se ilusionó, pero se topó con una pared que desbordó ladrillos de realidad y que recibieron con amargura a una nación ya levantada en un domingo por la mañana.

México estuvo a segundos de ocupar el podio en la Copa FIFA Confederaciones Rusia 2017, pero ese “ya merito”, esa expresión infinita e inagotable que parece más forjador del ADN tricolor que una maldición, evitó todo. Portugal salvó su honor en tiempo de reposición para llevar a la prórroga y ganar 2-1 el partido por el tercer lugar del certamen intercontinental.

Y sí, fue un gol de Pepe a los 90+1′ lo que permitió que los lusitanos extendieran su vida en el cotejo. Un centro por derecha por parte de Quaresma encontró al zaguero que sorprendió al incorporarse en el área, especialmente a Miguel Layún, incapaz de ganar la marca al defensor quien remató con los tacos para poner lo que era el empate momentáneo después de que México se adelantara a los 54′ por un autogol de Luis Neto propiciado por un gran desborde de Javier Hernández.

Ya en tiempos extra, con más cansancio mental que físico, el Tri fue presa de sus propios miedos, esos que forman parte intrínseca de la historia en torneos de este calibre. Portugal había quitado la pistola, saboreó y sonrió a su víctima sabedor del momento, todo antes de apretar el gatillo que llegó desde los once pasos, ahora por otra ‘culpa’ de Layún, quien puso la mano donde no debía en el área. Adrien Silva apretó los dientes instantes antes de cobrar el penal a los 105′ y puso a toda la península ibérica en su pie derecho para evitar que un heroico Guillermo Ochoa, quien había atajado ya una pena máxima a André Silva a los 17′, fuera efectivo otra vez.

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Si el conjunto de las “Quinas” dio un golpe cuando ya estaba con las cuatro extremidades en dirección al cielo, fue el propio Ochoa quien permitió que Portugal no resolviera el encuentro antes, no solamente por el ya referido penal atajado, sino por una salvada de antología que recuerda quizás a la intervención más famosa de su carrera en Fortaleza durante el Mundial 2014: Gelson Martins remató fuerte y a contrapié prácticamente en el área chica, los balones más difíciles pero los más “cómodos” para Ochoa Magaña, quien mandó el balón a tiro de esquina en la que es candidata para salvada del torneo.

Juan Carlos Osorio abandonó las improvisaciones; México salió con una alineación que no daba cabida a reclamaciones: con un Luis Reyes que se apoderó de la banda izquierda y que arrebató suspiros en la afición mexicana, que recordaba con amargura su ausencia en la titularidad con Alemania, y con un Rafael Márquez que llegaba a escombrar una media cancha dejada maltrecha por Héctor Herrera. El gran capitán mexicano volvió a derrochar clase, aunque no exento de pecados como el que originó el primer penal del encuentro, al llegar tarde a una barrida sobre André Silva.

Cristiano Ronaldo: héroe y símbolo, pero también “lastre”. Los dirigidos por Fernando Santos jugaron mejor sin su astro: más soltura al ataque, bandas explosivas, con Eliseu brillando y Nani participando. El Campeón de la Eurocopa 2016 mostró mucha más agresividad que en el primer encuentro entre lusitanos y mexicanos, con mayor posesión de la pelota y más lucidez a la hora de conducir a partir de tres cuartas partes del campo.

Todo hizo que el encuentro tuviera las llegadas suficientes como para rayar en los tintes de épico, aunque el primer tiempo transcurrió con la canasta vacía, sin cosecha por presumir. Carlos Vela y ‘Chicharito‘ elaboraban gran acción a los 31′ que era respondida con un disparo a los 38’ que dio dificultades a Ochoa por lo mojado de la cancha y el césped en el Estadio Spartak de Moscú, todo aderezado por una inclemente lluvia que no hizo más que dar tintes épicos a una batalla que se tornó memorable.

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Los dirigidos por Fernando Santos perdían el control a veces, pero nunca claudicaron, menos al verse abajo en el marcador, cuando México tuvo que aguantar un vendaval rojo que parecía tener más ahínco que la revolución bolchevique. El mal tino de Pizzi y Guillermo Ochoa fue lo que permitió que la ilusión mexicana permaneceiera… aunque se cayera en el momento más doloroso, como si Nicolás Maquiavelo también hubiera escrito una regla para el futbol más allá de sus ya conocidos consejos a la familia Medici.

Ya en tiempos extra y con el lastre del empate en el último minuto, México parecía encontrar inspiración en la expulsión de Nelson Semedo. El portugués abandonando la cancha se convertía en musa, la misma que la Plaza Roja moscovita otorgaba a la imaginación de León Tolstoi… pero Raúl Jiménez emparejó a los jugadores en el terreno de juego también al ver la segunda tarjeta amarilla minutos después.

De la desesperación a la confusión, el Tri todavía tuvo en un estético envío de Héctor Herrera (y consecuente parada de Rui Patricio) y en un cabezazo de Héctor Moreno lo que hubiera sido un empate tan emblemático como la gran madre Rusia, pero todo fue en vano, incluso el antológico reclamo de Juan Carlos Osorio quien pedía al menos revisión del VAR en la acción de Moreno, convencido de un penal, lo cual no procedió y resultó en la expulsión del estratega colombiano.

Portugal entró en el podio y México volvió a quedarse en la orilla de un triunfo que encumbraba a la escuadra americana. A un año del Mundial, parece difícil el despertar en Moscú, y todavía más en un domingo por la mañana.