Guerrero, primer Angelino en Cooperstown

Vladimir Guerrero siempre fue inmensamente fiel a sus raíces. Tanto así, que incluso después de ganar millones de dólares como estrella de las Grandes Ligas, jamás se mudó de Don Gregorio, su pequeño pueblo natal en la costa sur de la República Dominicana.

Ahora, el toletero famoso por su capacidad para batear cualquier lanzamiento y con un cañón en el brazo tendrá otro domicilio: en el Salón de la Fama del beisbol. Y cruzará el umbral de los inmortales con el uniforme de los LA Angels.

¡Es oficial! Tome mi decisión. Llevaré alas y aureola al @baseballhall #AngelDorado @AngelsBeisbol pic.twitter.com/XINw7DGUOg

— Vladimir Guerrero (@VladGuerrero27) 25 de enero de 2018

Un día después de ser elegido para la exaltación a Cooperstown, Guerrero dijo el jueves que decidió entrar al Salón de la Fama como un Angelino, para convertirse en el primer jugador que ingresa al recinto con la gorra de ese equipo.

El ex guardabosques jugó seis temporadas con LA Angels (2004-09), con los que ganó su único premio al Jugador Más Valioso, después de pasar las ocho primeras temporadas de su carrera con los Expos (1996-2003). También vistió los uniformes de Texas (2010) y Baltimore (2011).

“Lo pensé mucho, pero ahora me voy a ir con la gorra de Anaheim”, dijo Guerrero en una rueda de prensa junto con Chipper Jones, Jim Thome y Trevor Hoffman, los otros miembros de la clase de 2018 del Salón de la Fama.

“Esto no es solo de mi pueblo, no es solo de la República Dominicana. Es de todos los latinos”.

Guerrero es el tercer dominicano elegido al recinto de los inmortales, y el primer jugador de posición de su país que ingresa a Cooperstown después de los lanzadores Pedro Martínez y Juan Marichal.

Usualmente tímido y de pocas palabras ante las cámaras, Guerrero destacó la importancia de su círculo inmediato para su éxito en las mayores.

“Si no, no estuviera viviendo en mí mismo pueblo”, señaló. “Me siento contento desde que comencé en mi pueblo natal don Gregorio, uno trata de seguir compartiendo con su familia, con su gente que lo vio nacer, y eso lo voy a tener siempre en alto”.

También agradeció la oportunidad que le ofreció su primer manager en las mayores, su compatriota Felipe Alou, porque “me dio la oportunidad de jugar todos los días”.

Guerrero recordó que tuvo muchas lesiones en su primera temporada completa en las mayores en 1997 –en 1996 jugó apenas nueve partidos — que lo limitaron a 90 encuentros y 325 turnos. De todas formas, bateó .302 con 11 jonrones y 40 remolcadas, exhibiendo chispazos del talento que lo llevó a acumular 449 cuadrangulares y promedio de .318.

“Me dio la confianza”, señaló sobre Alou. “Y le hice un gran trabajo”.