Especial: El trágico ‘Cavallino’

Una leyenda no por lo que hizo, sino por lo que dejó de hacer. Considerado uno de los pilotos mexicanos más emblemáticos de todos los tiempos, Ricardo Rodríguez de la Vega representa una historia tan vertiginosa como efímera dentro del automovilismo.

Ricardo sería ídolo en un país donde el deporte motor era prácticamente un mito, el menor de los Hermanos Rodríguez demostró su talento desde muy joven. Fue incluso rechazado de las 24 horas de Le Mans por su edad

Precoz al volante, Ricardo llegó a la Fórmula Uno con apenas 19 años y 208 días de edad. Fue el piloto más joven en participar en la categoría reina, una marca Mike Thackwell rompió solamente hasta el Gran Premio de Canadá de 1980.

Debutó en el Gran Premio de Italia de 1961, como piloto de reserva de Ferrari. Con el “Cavallino Rampante” deslumbró y sorprendió incluso a los intrépidos ingenieros de Maranello. En aquella temporada no pudo sumar, pero a la siguiente campaña, Rodríguez demostraría que sería un futuro Campeón de la Fórmula Uno al quedar cuarto en Bélgica y sexto en Alemania.

El final de la temporada 1962 presentaba una novedad en su calendario: el Gran Premio de México, carrera solamente de exhibición, no puntuable para la F1. Era el marco perfecto para que el “joven Ricardo” demostrara sus cualidades en casa, aunque el equipo italiano optó por no participar en una competencia que no sería tomada en cuenta en el puntaje.

El Autódromo de la Magdalena Mixhuca recibía por primera vez en la historia en el máximo circuito. El 1 de noviembre de 1962, Ricardo Rodríguez giraba en el primer día de prácticas del fin de semana a bordo de un auto Lotus 24 del equipo Rob Walker, ya que no pudo girar con la ausente Ferrari.

Apenas iniciada la sesión, Ricardo Rodríguez probaba la flamante pista, incluyendo un sector que ya era temido antes de su incursión en el calendario de la F1: la curva peraltada. A los 20 años, el joven que impresionó en el deporte motor se estrellaba en la barrera a la salida de la famosa peraltada, debido a un problema con la suspensión de su Lotus.

Su muerte fue instantánea en el trazado de Iztacalco que, años después, llevaría tanto su nombre como el de su hermano mayor Pedro, quien logró formar una carrera más sólida en Fórmula Uno, aunque también sucumbió en una pista (Nürburgring). Ricardo Rodríguez perdió la vida en un día en el que todos los fieles difuntos son recordados, a una velocidad tan imponente que ni siquiera la eternidad le podría alcanzar.