Color: El día de los vivos

El color del GP de México. FOTO: Getty Images
El color del GP de México. FOTO: Getty Images
El Gran Premio de México revitalizó toda una categoría en la edición 2017 en lo que fue casi una fiesta nacional

Se dice que el Día de Muertos es para celebrar, nunca para lamentar. Es la celebración más mexicana que se puede encontrar, quizás, pero que a partir de 2017, su “exclusividad” se abre a la “refinada” Fórmula Uno.

El Gran Premio de México y la festividad se retro alimentaron para formar un nuevo significado en ambas partes. No hubo nada funerario, más que las cientos de calaveras y catrines que desfilaron por el Autódromo Hermanos Rodríguez desde el jueves previo al fin de semana más esperado del año.

“Fermín la calaca” de repente se convertía en alguien más asediado por las cámaras que el propio Jackie Stewart, leyenda de la F1 y que se dejó ver en el paddock, más atraído por los disfraces tan característicos de finales de octubre e inicios de noviembre. La velocidad caía en lo eterno en la Magdalena Mixhuca, más por un Max Verstappen que llegó al Autódromo Hermanos Rodríguez en un microbús que cubre la ruta hacia el metro Pantitlán.

Quizás suerte de “microbusero”, el holandés se llevaría una carrera que desde ya reclama su lugar en la colección de clásicos dentro de la Fórmula Uno. Lewis Hamilton se proclamó Campeón por Cuarta ocasión en la categoría: ¿murió el campeonato de pilotos? No, todo lo contrario, esta fiesta la hicieron los vivos, todo más vivo que nunca.

“Hey, vamos, ¡háganlo rápido en la carrera muchachos!” Gritaban aficionados que gozaban de los boletos más prohibitivos al momento de la caminata por pits antes del Gran Premio, justo cuando el equipo Force India hacía pruebas para el cambio de neumáticos en el garage de Sergio “Checo” Pérez.

Mientras, los pilotos de la parrilla desfilaban y se bañaban de los gritos de la que ya es considerada la mejor afición del año, esa que es alegre cuando hay que serlo, que baila, que grita y se emociona cuando Vettel y Hamilton chocan en la primera vuelta… y que también se sensibiliza cuando el momento lo amerita.

La vuelta 19 es inolvidable en la llamada a ser “carrera de leyenda”. Silencio, mucho silencio, que solamente se escuchen los motores V6 biturbo en la Magdalena Mixhuca. Sí, ese puño levantado con el que los rescatistas usaban para pedir silencio en las labores para salvar vidas. Los coches pasaban en medio del homenaje a las víctimas del sismo del 19 de septiembre.

“¡Ahí viene Checo!” Gritaba un niño mientras las banderas se alzaban en la recta principal cada vez que un coche rosa pasaba. Ya no había distinción del monoplaza de Sergio Pérez o el de Esteban Ocon, los dos eran confundidos quizás, pero a final de cuentas, la afición mexicana se entregó y supo reconocer el mejor momento del francés en la categoría reina.

El GP de México, el único que hace que Raikkonen sonría, el único que puede dar tanto drama para definir a un campeón del mundo, el único que puede inyectar de sangre a la categoría. A final de cuentas, es la fiesta de los más vivos en la Fórmula Uno.

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