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Color: El mejor circo del mundo

Fernando Vázquez

Fuente: Televisa Deportes

Hamilton conquistó México. FOTO: Mexsport

La Fórmula 1 vivió un fin de semana extraordinario en el Autódromo Hermanos Rodríguez; el Gran Premio de México llegó para quedarse

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Gran Premio de México

CIUDAD DE MÉXICO, México, oct. 30, 2016.- Pareciera como si nunca se hubiera ido, como si Nigel Mansell o Gerard Bergher hubieran subido al punto más alto de la gloria en la Magdalena Mixhuca el año pasado o el antepasado. El Autódromo Hermanos Rodríguez ha conseguido en 2 años lo que circuitos históricos como Estoril o Hockenheim no han logrado: ser indispensable en la Fórmula 1.

El Gran Premio de México en 2016 pasó de ser una celebración nacional a convertirse en Fórmula 1 pura, pero tricolor. De ser el gran circo a la gran reunión. En el segundo año de su regreso al calendario, el alma de los Rodríguez,  padres del automovilismo en México, contagió incluso a quienes alcanzaron mayores logros que Ricardo y Pedro; pero que carecen de la magia que un circuito de poco más de 4 kilómetros y 17 curvas (algunas destinadas a ser legendarias como la primera del complejo Moisés Solana) puede ofrecer.

Lewis Hamilton, enfrascados en una férrea lucha por el campeonato de pilotos en 2016, llegaban al Paddock desde el jueves con una concentración que pesaba lo suficiente como para impedirles quitar los ojos del asfalto. Solamente pudieron tener paz en el podio, con papeles verde, blanco y rojo alrededor: fue la primera vez que la mirada del inglés y el alemán era visible. Presión aparte, la fiesta mexicana impregnó a los protagonistas de la categoría reina, incluso a Bernie Ecclestone, quien en función muy estelar de la AAA, se sumó a la feliz locura que solo la lucha libre puede brindar.

Daniel Ricciardo y Max Verstappen, como calaveras, no dudaron en regalar una estampa para finales de octubre y principios de noviembre mientras que Fernando Alonso, contrario a la regla, se rehusó a hablar en inglés para entrevistas de la señal internacional de la Fórmula 1; "perdón pero aquí todos hablan español, y viva México", le respondió a su entrevistador mientras sonreía y señalaba a la tribuna principal, en delirio y comunión con el español ante tal gesto.

Un par de kilómetros más adelante, los pilotos de la soberbia, poderosa e intocable escudería Mercedes romperían el protocolo en el desfile de pilotos del domingo al bajarse de sus carros, saludar, convivir y lanzar gorras a las gradas del complejo Héctor Rebaque, que prácticamente se derrumbaba ante el estruendo de unos espectadores con una emoción equiparable a la del gol de Cuauhtémoc Blanco contra Bélgica en el Mundial del '98.

Si hay algo que la Fórmula 1 aprendió en 2015 es que el circo no se compone solo de pilotos, unidades de potencia, chasis y garages. En 2016, la lección tomaría un nuevo sentido: "el Autódromo se llenó por ser el primer año, la novedad. A la siguiente ya caerá", fue el comentario principal escuchado no pocas veces por quien esto escribe en noviembre pasado, justo en el mismo escenario. Para el domingo, los simuladores, la zona de alimentos e incluso de los souvenirs con llaveros a 500 pesos y gorras a 1000 parecían insuficientes a 4 horas de que Charlie Whiting apagara los semáforos de la recta principal para dar inicio a la gran carrera.

Franelas de Force India o de Williams, chamarras de Renault, todo era opacado por la marea roja de Ferrari, aunque caras vemos... "¡CHECO, CHECO! Gritaba una familia entera y perfectamente ataviada con el distintivo de la casa de Maranello; concesiones que solamente pueden darse en México mientras que más personas se sumaron a la tendencia de los pilotos de Red Bull al colmar un pequeño sector de la tribuna principal con disfraces acorde al Halloween o al Día de muertos.

Más de 2 horas después de finalizada la gran carrera, ya con los talleres semivacíos, la nostalgia invadía a los fanáticos, quienes se resistían a irse acompañados por DJs en la explanada principal y refrescos de 60 pesos y Cervezas de 140. El primer defecto del Gran Premio de México aparecía a esta altura: su duración.

Algo tiene México, eso que hizo reír al rocoso Raikkonen rumbo a su pesaje oficial tras la carrera o que también hizo enfurecerse a un siempre risueño Vettel tras su frustrante calificación del sábado. Los Hermanos Rodríguez no presumieron tantos triunfos como los que Jenson Button acumuló en su carrera, el circuito que lleva su nombre carece de la elegancia de Mónaco, la sofisticación de Spa o el modernismo de Abu Dhabi, pero solamente en 2 años, el Gran Premio de México se ha vuelto indispensable para la Fórmula 1: cuando el glamour y el folclor van de la mano.

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